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Recuerdos de familia...

 

La educación ocupó, en la familia Longoni, un lugar de privilegio. Como muestra de ello, trascribimos a continuación, una nota publicada el 14 de octubre de 1991 por el Grupo de Historia y Tradición con motivo de celebrarse el Centenario de la fundación de Santo Domingo.

........"¡Qué mañanas y tardes aquellas en las que candorososo colegiales, blancas gaviotas, con ansias de aprender y sus alas al viento caminaban hacia aquel gran monumento al saber, la escuela, pero no cualquier escuela, era la querida escuelita de campo.

Carros, sulkys, caballos desfilaban orgullosos sobre aquellos caminos polvorientos. Pero no siempre polvareda en el camino, no siempre gaviotas al viento, el hacer la Améerica, el labrar la tierra, era un fin más preciado que el cultivar la mente. A veces, esos niños con deseos de leer y aprender debían formar parte de la ruda faena diaria, ayudando a sus padres.

La comunidad educativa estuvo compuesta en la época de su creación, por colonos descendientes de extranjeros (especialmente italianos) dedicados a las actividades agrícolas ganaderas.

Es así que en una típica casa campesina de la familia Longoni comenzó a funcionar la Escuela Fiscal Nº 348 - Santo Domingo Norte - popularmente conocida como "la escuelita de los Longoni", en el año 1914 hasta el año 1946. En esta escuelita, una veintena de alumnos recibían las principales nociones de instrucción primaria.

En esta escuela se desempeñó como docente el hoy destacado escritor don Gastón Gori quien nos refiere esta anécdota: La escuela de Longoni, como la llamaban por estar ubicada en un campo del que era propietario ese agricultor, funcionaba en un edificio de ladrillos asentados en barro y constaba de una sola aula. Los alumnos procedían de hogares de la vecindad y se trataba de un grupo heterogéneo de no mas de veinte niños y niñas. Eran silenciosos y trabajadores, carecían del aparente brillo de los niños de las ciudades pero eran tan efectivos como ellos para aprender y adelantar en las materias.

Uno de esos alumnos se sentaba en la hilera de los primeros bancos y si en algo se diferenciaba de los demás, físicamente, por su cuerpo, es que era algo gordito. Cierta vez llegada la hora del recreo mientras otro alumno salía a tocar la campana, todo el grado comenzó a sonreir mirando al gordito que se había agachado como mirando debajo del banco, un banco de doble pupitre formando una especie de cajón de poca altura. El muchacho trataba de sacar algo que tenía allí, entre las dos maderas y a medida que aumentaban sus dificultades, todo el grado aumentó su risa mirándolo. Yo observé eso y traté de comprender porqué se reían, algunos ya de pié y otros sentados, hasta que ocurió algo gracioso. Con un último esfuerzo, el gordito consiguió sacar lo que tironeaba: era una batata, una gran batata! Medio avergonzado se levantó y salió al patio con ella en ambas manos, seguido por sus amiguitos que no oía yo qué le decían.... Seguramente todos estaban al tanto de que se había llevado esa gran batata asada para comérsela en los recreos !!!"

 

De éste mismo escritor, Gastón Gori, conservamos un manuscrito de fecha 15 de setiembre de 1989 cuyo texto transcribimos:

En la escuela Longoni

"En 1935 era director el Sr. Pedrana; yo lo reemplacé en una de sus licencias. Recuerdo el edificio de la Escuela; creo que era una antigua vivienda, de ladrillos vistos, baja, con la puerta de ingreso a la única aula, hacia el norte y árboles. Confusamente recuerdo que tenía alguna pieza más el edificio, pero la escuela ocupaba sólo lo que servía de aula a la que asistía una veintena de chicos y chicas que cursaban distintos grados pero las clases - con programas - eran simultáneas. Grados heterogéneos.

Los bancos donde se sentaban no eran individuales, sinó para dos alumnos. Procedían de hogares campesinos.

Yo me alojaba en la casa de la familia Longoni; vivía, pues, con ello. Una típica casa campesina, alta, de habitaciones amplias y una de esas magníficas cocinas donde se reunía toda la familia.

Los días domingo asistían a misa. Yo los acompañaba. Poseían un automóvil "doble faeton", con capota de hule, negra; se le colocaban las cortinas al auto, con ventanillas de celuloide transparente. El cura no vivía en Santo Domingo por lo que, a veces, no era muy puntual; los feligreses lo esperaban. Recuerdo que viajar desde Esperanza a Santo Domingo- por tierra, desde luego- tenía, para mí, el encanto de hacer un largo viaje..."

 

BOLETO DE MARCA DE LA FAMILIA

 

La marca que se puede apreciar en la parte inferior de la imagen fue utilizada por la familia Longoni para marcar sus animales

 

Pipa utilizada por Bautista Longoni

 

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